Descubre los secretos ocultos sobre el dinero que los bancos no quieren que conozcas

5 secretos que los bancos no quieren que sepas

Todos los días realizamos intercambios y tomamos decisiones en base al dinero. De hecho, nos pasamos gran parte de nuestra vida trabajando para percibir ingresos, pero son pocos los que saben realmente de dónde viene el dinero y cómo funciona el sistema monetario. Esto no es una mera casualidad.

De dónde viene el dinero

Primero debemos saber que el dinero no lo imprime ni el gobierno ni los bancos. La institución que se encarga de crear el dinero físico en algunos países se llama Banco Central, en otros Reserva Federal o Casa de la Moneda, y es independiente del gobierno. De hecho, el gobierno en muchas ocasiones pide dinero prestado a estas instituciones para solventar distintas actividades, como la obra pública, dinero que luego tienen que devolver con intereses. A su vez, el dinero ingresa a la economía a través del pago que el gobierno hace a los empleados y proveedores de proyectos, como la construcción de escuelas y carreteras.

Cuando estas personas reciben el pago, generalmente lo depositan en el banco, donde pasa a hacer dinero digital que vemos en la cuenta bancaria. Y este dinero, ¿quién lo crea? Es uno de los secretos que los bancos no quieren que sepas.

El banco puede crear dinero de la nada

El proceso de creación de dinero que usan los bancos se llama reserva fraccionaria. Cuando depositas dinero físico en tu cuenta, al ingresar con tu usuario a la cuenta bancaria, verás la misma cantidad en pantalla. Sin embargo, ese dinero no está realmente guardado e inmóvil dentro de tu cuenta, como crees. Sino que el banco utiliza ese dinero para prestarlo a otras personas y luego cobrarles intereses. Aún así, como habrás notado, siempre que quieres retirar tu dinero del banco, puedes hacerlo sin problema.

Esto es porque el banco no tiene permitido prestar la totalidad del capital de sus clientes, tiene que reservarse un porcentaje de ese dinero, porcentaje que varía según las regulaciones de cada país. Y esto es lo que se llama reserva fraccionaria. Veámoslo con un ejemplo: imagina que depositas cinco mil dólares y el mínimo que debe conservar el banco es del 10%. En ese caso, de esa cantidad, el banco solo se verá obligado a mantener una reserva fraccionaria de 500 dólares. Con este sistema, se presentan dos problemas: el primero es que si todos intentaran retirar su dinero al mismo tiempo, el banco no lo tendría disponible, pues lo habría prestado a otras personas. En ese caso, habría un caos total donde probablemente el gobierno tendría que intervenir para ayudar a los bancos a resolver su problema de liquidez. De hecho, esto ya ha ocurrido en la historia. El segundo es uno de los secretos mejor guardados del sistema monetario, y es justamente el siguiente punto.

Las deudas son impagables

Con esto nos referimos a que no existe dinero suficiente en el mundo para pagar las deudas y los intereses. Imagina una economía en la que solo se han impreso 10 dólares y, para financiar nuevas carreteras, el gobierno los solicita como préstamo. Entonces, la casa de la moneda le otorga el préstamo de 10 dólares con la condición de que se los devuelvan con un interés del 20%. Como consecuencia, el gobierno tendría que devolver 12 dólares. Pero, ¿cómo puede el gobierno pagar esos 12 dólares si solo imprimió 10? Algo parecido sucede en una escala más grande en la economía del mundo.

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Más allá del punto anterior, la reserva fraccionaria ha permitido la expansión y crecimiento económico de muchos países, y por eso hoy en día es legal. Aunque claro, ha sido muy cuestionada porque también se liga la creación de burbujas, crisis y muchos otros problemas financieros.

Guardar dinero en una cuenta de ahorros es una pérdida de tiempo y dinero

Como vimos anteriormente, cuando depositas tus ingresos en una cuenta de ahorro, prácticamente le estás prestando dinero al banco. Y por ello, el banco te paga intereses a ti. Si no lo has notado, es simplemente porque los intereses que el banco debe pagarte son demasiado bajos. Las cuentas de ahorro normalmente te dan un 0.1% de rendimiento o interés a tu favor efectivo anual. Mientras tanto, el banco utiliza tus depósitos, ya sea para otorgar tarjetas de crédito, crédito hipotecario, vehículo, microcrédito, o cualquier otra cosa en lo que pueden cobrar hasta un 25% efectivo anual o incluso más.

Por lo que, aunque suene irónico, depositar nuestros ahorros en una cuenta de ahorro no es el mejor negocio. En cambio, allí debería ser donde nosotros tengamos el dinero transaccional estacionado pero listo para usarse en cualquier momento. El resto del dinero, es decir, nuestros ahorros, deben estar en movimiento generando rendimientos, siendo invertidos o simplemente distribuyéndose a los objetivos financieros que tengamos. En todo caso, si quieres dejar tu dinero en el banco, puedes comprar acciones del mismo en lugar de depositar 500 dólares en una cuenta de ahorro, puedes comprar 500 dólares de acciones de ese banco y disfrutar de los dividendos, que seguramente son más altos que los intereses que puedas llegar a ganar en una cuenta de ahorro del mismo banco, o depositarlo en un plazo fijo que te otorgue un rendimiento superior a la inflación. Por supuesto que esto dependerá de cada país.

El banco te puede prestar dinero gratis

Esto es cierto siempre y cuando seas un cliente importante para el banco. El problema es que, ¿cómo eres un cliente importante? Si tienes varios millones en la cuenta. Aún así, suena ilógico que el banco preste dinero gratis, pero te daremos un ejemplo: imagina que un país tiene una inflación del 9%. Para ofrecer un buen trato a sus clientes importantes, los bancos de ese país ofrecerán tasas fijas de crédito a 15 o 20 años con tasas de interés anuales muy cercanas e incluso a veces inferiores a la inflación.

Entonces, si yo sacara un crédito hipotecario al nueve por ciento con una inflación del nueve por ciento, en teoría, yo no estoy pagando absolutamente nada de interés porque pago el nivel de interés al que sube la inflación. De hecho, puede ocurrir que la inflación siga subiendo y, como lo que yo obtuve fue un crédito de tasa fija, mis intereses no aumentarán. En ese caso, podría darme el lujo de pagar la cuota mínima del crédito cada mes y el resto del dinero invertirlo en otra cosa. Si obtienes un crédito hipotecario al ocho por ciento y abres hoy en día un CDT al ocho por ciento, estarías ganando dinero sin hacer absolutamente nada. Esto ocurrió con Mark Zuckerberg, que logró un crédito hipotecario por debajo del dos por ciento al inicio para su mansión. De hecho, logró refinanciarlo cerca del uno por ciento, considerando que en Estados Unidos la inflación en ese momento era cercana al tres por ciento, y ahora que ha subido incluso al siete. Eso es básicamente dinero que llega a su favor. Pero seguro te estés preguntando, ¿si es tan rico, por qué solicita un crédito? Si bien puede adquirir muchas de esas mansiones de contado, no vale la pena hacerlo cuando el banco te está dando dinero prácticamente gratis. Claro que estas opciones son solo para los ricos. Para el resto de clientes con menos dinero en la cuenta, el banco no hace ofertas tan atractivas.

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Los banqueros y asesores no son expertos financieros

Supongamos que vas a la peluquería por un corte y la estilista te dice que nada más cambies de shampoo y que esperes hasta el mes que viene para cortarte. ¿Te lo imaginas? Claro que no, porque el estilista quiere cobrar por sus servicios, y aunque puede aconsejarte sobre algún otro tratamiento para el cabello, su objetivo siempre será vender. Y lo mismo ocurre con los bancos. A menudo olvidamos que los bancos también son empresas que buscan maximizar sus ganancias y dejar contentos a sus accionistas. Y esto es un gran error.

No debemos dar por hecho que, al llegar a la sucursal, van a ofrecernos las mejores opciones según nuestras necesidades. Y no solo porque velan por los intereses de la empresa, sino porque además, los gestores bancarios no son necesariamente asesores financieros ni deben ser expertos en finanzas para trabajar allí. De alguna forma u otra, querrán venderte el producto que más les convenga o al que deseen posicionar en ese momento. Seguramente conoces a alguien que fue a hacer un simple trámite administrativo y salió del banco con una tarjeta de crédito nueva, ¿a que sí? Esto nos lleva al siguiente punto.

Cómo usar esta información para ganarle al sistema

La idea de este artículo es brindarte todos estos conocimientos para que así seas capaz de ganarle a los bancos en su propio juego. Pero, ¿cómo lo hacemos? Veamos algunos consejos:

  • Sé crítico cuando recibes consejos del banco. Averigua bien de qué se trata cada producto y compáralos para ver cuál se ajusta a tus necesidades.
  • No olvides leer la letra chica. A veces nos ofrecen productos que vienen con un sinfín de beneficios, como descuentos en electrodomésticos y tiendas especializadas. Pero nada es gratis, y por lo general, estos beneficios vienen acompañados de comisiones o costos de mantenimiento más elevados.
  • No utilices la cuenta de ahorros como una billetera virtual para dinero al que sabes que le darás movimiento. En cambio, pon tus ahorros en inversiones, e incluso puede ser un plazo fijo, para que esté generando algo de rentabilidad.
  • No te apresures al elegir tu banco. Tómate tu tiempo para comparar distintas entidades y elegir aquella que te ofrezca los mejores beneficios o gastos mínimos.

¿Conocías alguno de estos secretos? Ahora asegúrate de aplicar los consejos para ganarle al sistema. Si el artículo te gustó, no te olvides de dejarnos un me gusta, suscribirte y activar la campanita de notificaciones. ¡Te espero en un próximo artículo!

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